sábado, 11 de junio de 2011

El pueblo más allá del Nombre

Durante el primer medio siglo de la existencia de la Sociedad Watch Tower, a sus afiliados no se les conocía por ningún nombre confesional particular. Ellos eran, según decían, simplemente “estudiantes de la Biblia”. El fundador de la revista Watch Tower (conocida posteriormente en español como La Atalaya) y de la sociedad conectada con ésta, Charles Taze Russell, se opuso a la adopción de un nombre distintivo, considerando esto una forma de sectarismo. El número de abril de 1882 de la revista Watch Tower (páginas 7,8) que discutía este asunto, citó en señal de aprobación las palabras de John Bunyan, que se encuentran en su conocido libro Pilgrim’s Progress (El progreso de los peregrinos)

"Puesto que ustedes quisieran conocer por cuál nombre yo quisiera distinguirme de otros, les digo que quisiera ser y espero ser un cristiano; y elijo, si Dios me encuentra digno, ser llamado un cristiano, un creyente, o cualquier otro nombre aprobado por el Espíritu Santo. Y respecto de estos títulos de facciones (o de sectas) como Anabaptista, Presbiteriano, Independiente o por el estilo, concluyo que no vinieron ni de Antioquía ni de Jerusalén, sino del Infierno y de Babilonia, pues tienden a causar divisiones; ustedes los pueden conocer por sus frutos".

El recurrir al uso de nombres especializados fue desacreditado, por lo tanto, como un signo claro de sectarismo. Esta postura se repitió en la respuesta a otra pregunta que apareció en el número de marzo de 1883 (página 6). Además de rechazar la idea de desarrollar una organización visible, la respuesta afirmó:

"Siempre rehusamos ser llamados por nombre diferente al de nuestra cabeza—cristianos—y continuamente proclamamos que no puede haber división entre los que son guiados continuamente por su Espíritu y ejemplo dados a conocer por medio de Su palabra".

Esto obraba en armonía con el hecho de que Jesús de Nazaret, el fundador del Cristianismo, jamás ofreció "nombre" a su denominación. Cristo sabía que al hacerlo provocaria una especie de "círculo cerrado" sectario como ocurría en sus días con los Fariseos, Saduceos, Esenios, etc. Esto chocaba con su gran mensaje de fraternidad espiritual global, un mensaje que recuerda que todos los humanos son Hijos de Dios. Por lo tanto, durante muchos años los primeros seguidores de Cristo nunca tuvieron un nombre nominal.

En Hechos 11:26, leemos que “a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía” (Versión Reina-Valera). Ese fue el nombre por el cual fueron conocidos y que ellos mismos utilizaron, como se muestra en los textos de Hechos 26:28 y 1 Pedro 4:16. La Traducción del Nuevo Mundo incluso vierte Hechos 11:26 así: “fue primero en Antioquía donde a los discípulos por providencia divina se les llamó cristianos”. Independientemente de que esa versión sea exacta o no, queda la pregunta: ¿Con qué derecho un hombre o grupo de hombres decide adoptar un nombre diferente al utilizado por los cristianos del primer siglo? ¿Dónde está la autorización o la dirección divina para hacer esto?

La mayor justificación a la que se recurre en todos los grupos religiosos es que no hay nada distintivo en el nombre “cristiano”. Ese nombre ha sido utilizado por cientos de millones de personas por todo el mundo, divididos en cientos de diferentes confesiones y sectas. Sin embargo, ¿qué prueba o logra la adopción de un nombre diferente? Simplemente sigue el patrón establecido por esos mismos cientos de denominaciones. Cada uno de ellos ha hecho lo mismo—todos han adoptado un nombre distintivo, tal como Católicos Romanos, Católicos Ortodoxos, Católicos Marionitas, Luteranos, Metodistas, Bautistas, Iglesia de Cristo, Iglesia de Dios, Menonitas, Sociedad de Amigos y así por el estilo.

El que no todos los que adoptaron el nombre “cristianos” fueron realmente tales es evidente. Cristo Jesús advirtió sobre la apostasía en su parábola del trigo y la mala hierba. El apóstol Pablo, que fue conocido como un “cristiano” se hizo eco de esta advertencia en sus escritos. En Revelación, el apóstol Juan denunció el estado adulterado impuro que ya existía en algunas congregaciones de su día. Se reconoció claramente que habrían falsos cristianos, muchos de ellos. Pero ni Cristo, ni Pablo, ni Juan, ni ninguno de los escritores bíblicos indicaron que un cambio de nombre podría remediar la situación de algún modo. La única distinción significativa se podría hacer mediante el derrotero de vida que reflejase el cristianismo genuino y mediante la adherencia a la verdad tal como se encuentra en las enseñanzas del Hijo de Dios y de sus apóstoles y discípulos, no mediante la adopción de algún nombre diferente o de una nueva etiqueta, que es lo que realmente ocurrió. Cuando los ángeles de Dios ejecutan la última parte de la ilustración parabólica al separar el trigo de la mala hierba en el tiempo de la cosecha, las etiquetas en forma de nombres confesionales ciertamente que no jugarán ningún papel.
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Tal como analicé en las entradas que hablan sobre el "Nombre de Dios", el que Dios “escoja un pueblo para su nombre” tiene entonces una profundidad de significado mucho mayor que la mera aplicación de una palabra nominativa, y el que demostremos estar entre los que santifican y proclaman el nombre de Dios exige mucho más de nosotros que el simple uso repetitivo de Yahvé o Jehová, o cualquier otro término en particular. Del mismo que es fácil exhibir o mover una bandera, llevar o besar una cruz, pero mucho más difícil vivir de acuerdo con los principios que se cree que estos símbolos representan, también es relativamente fácil llevar a nuestros labios cierta palabra como un nombre, pero mucho más difícil honrar aquello de lo cual ese nombre o palabra no es más que un símbolo. Honramos y damos a conocer genuinamente el nombre de nuestro Padre en el sentido verdadero sólo si vivimos vidas que demuestran que somos sus hijos, imitándolo a Él en todo lo que hacemos, teniendo a Su Hijo como nuestro ejemplo.

Por esa razón nadie debe verse tentado a utilizar estas informaciones para generar más religiones o aglutinaciones. Nadie debería crear una etiqueta para formar ciertos grupos exclusivistas de verdades reveladas.